¿Realmente dejar de comprar café te hará rico? Esta pregunta resume uno de los debates más populares en el mundo de las finanzas personales: el famoso “latte factor”. Esta teoría, que popularizó el asesor financiero David Bach, sostiene que si eliminamos pequeños gastos diarios —como el café, una botella de agua o una suscripción que no usamos— y los invertimos en su lugar, podríamos acumular una suma considerable a largo plazo.
Pero ¿hasta qué punto es esto cierto? ¿Y qué papel juega la psicología en esos pequeños gastos aparentemente inofensivos?

¿Qué es el latte factor?
El término latte factor se refiere a esos gastos pequeños y diarios que, sumados a lo largo del tiempo, pueden representar una cantidad importante de dinero. Ejemplos comunes incluyen:
- Un café diario de 3 €
- Snacks o bebidas compradas fuera de casa
- Pequeñas compras por impulso
- Suscripciones mensuales que no usamos
- Pedidos a domicilio frecuentes
La idea es simple: si invirtiéramos ese dinero en lugar de gastarlo, podríamos tener miles de euros extra en el futuro gracias al interés compuesto.
El mito detrás del latte factor
Aunque el concepto es válido en teoría, muchos expertos cuestionan su efectividad práctica. Aquí algunas razones:
1. No es el verdadero problema
Los gastos hormiga pueden acumularse, sí, pero rara vez son la causa principal de los problemas financieros. Las grandes decisiones —como no tener un presupuesto, vivir por encima de nuestras posibilidades, endeudarse mal o no invertir— tienen un impacto mucho mayor en nuestra salud financiera.
2. Culpa al individuo, no al sistema
El latte factor puede transmitir la idea de que si no ahorras es porque eres flojo o caprichoso, cuando en realidad muchas personas tienen ingresos bajos o muchos gasto. En estos casos, reducir el café no soluciona la raíz del problema: la falta de ingresos o educación financiera.
3. La vida también es para disfrutarla
¿Vale la pena dejar de tomar un café que te da placer diario si eso apenas marcará la diferencia en tu retiro? Para muchas personas, estos pequeños gustos son importantes para mantener el equilibrio emocional.
La psicología de los gastos hormiga
Aunque el latte factor no sea una solución mágica, sí puede ayudarnos a reflexionar sobre cómo y por qué gastamos. Aquí es donde entra la psicología del dinero.
1. Compras emocionales
Muchas veces gastamos no por necesidad, sino por emociones: estrés, ansiedad, aburrimiento o incluso recompensa. Ser consciente de esto puede ayudarnos a controlar los impulsos y priorizar.

2. Pensar solo en el ahora
Tendemos a valorar mucho más el placer inmediato que una recompensa futura. Este sesgo nos empuja a comprar hoy en lugar de ahorrar para mañana. Saberlo nos permite combatirlo conscientemente.
3. La ilusión de “es solo un euro”
Este pensamiento es engañoso. Un euro no parece nada, pero si lo repites cada día, se convierte en hábito… y en gasto acumulado. El poder de los gastos hormiga está en su frecuencia.
¿Cómo encontrar el equilibrio?
No se trata de eliminar todos los caprichos, sino de tomar decisiones conscientes. Aquí algunos consejos:
- Haz un seguimiento de tus gastos durante al menos una semana. Te sorprenderás.
- Identifica patrones: ¿cuándo y por qué haces compras pequeñas?
- Elige conscientemente: si algo te da valor real (como ese café que te alegra la mañana), disfrútalo. Pero evita gastos automáticos sin reflexión.
- Redirige parte de esos gastos a tus objetivos financieros: inversiones, ahorro, pago de deudas…
Conclusión
El latte factor no es un mito porque sea falso, sino porque a veces se sobrevalora su impacto y se simplifica en exceso la solución a problemas complejos. Lo importante no es dejar de comprar café, sino entender tus hábitos de consumo y tomar el control consciente de tu dinero.
Pequeños cambios suman, sí, pero acompañados de una estrategia financiera sólida, ingresos bien gestionados y educación financiera constante.


